Compartiendo unos primeros aprendizajes

En estas últimas semanas, además de seguir trabajando en Egia, con diferentes agentes en la comunidad, y preparando la sesión de co-creación el próximo jueves 14 de junio, en LKaleak hemos tenido la oportunidad de contrastar aprendizajes en los espacios de trabajo que el pasado 30 de mayo compartimos con el Grupo Motor de Donostia Lagunkoia y con los proyectos Saiaz, Plasma y Adinkide en el seminario organizado el 4 de junio por la Universidad de Deusto en el marco de los proyectos «Bizilagun» del programa foral “Etorkizuna Eraikiz”.

Estas son algunas de las reflexiones compartidas en ambos espacios de trabajo.

-La fragilidad solo es visible desde la cercanía, y solo es desde esa cercanía desde donde se pueden crear vínculos y relaciones de confianza imprescindibles para que el apoyo y cuidado sean aceptados.

-La voluntad de ayudar y prestar apoyo existe, pero tenemos miedo de sentirnos atrapados en las relaciones de cuidado. Para evitarlo, ayudaría acotar y poder poner límites.

-Las personas que viven situaciones de fragilidad reivindican el derecho a tomar decisiones por sí mismas y que la provisión de apoyo se dé desde una actitud de «me pongo a tú disposición». Estas personas reivindican el respeto a su autonomía y rechazan las actitudes paternalistas y de poder que, a veces, recrean las relaciones de cuidado, porque dicen, «el cuidado no es inocente»: cada persona decide cómo, cuándo y por qué.

-Constatamos que los elementos culturales tienen mucho peso. Nos cuesta mucho aceptar y reconocer la propia fragilidad y, cuando se dan estas situaciones, entendemos que el cuidado debe resolverse en el ámbito doméstico. Es, a veces, la propia familia quién se resiste, e incluso puede rechazar, el apoyo porque entiende que se está cuestionando su capacidad de cuidar. Es clave considerar las vivencias, percepciones y narrativas que las personas construimos en torno a nuestra propia realidad, recoger y conectar estas narrativas individuales para construir narrativas colectivas de lo que es posible y lo que no lo es. Conocer la dimensión cultural y las narrativas que imperan en una comunidad nos ayudan a generar respuestas más ajustadas y transformadoras.

-La proximidad y el trabajo comunitario son estrategias clave: personas, asociaciones, agentes y servicios comparten espacios y territorios de vida cotidiana. Se conocen y reconocen entre ellos y se organizan y promueven dinámicas y redes de colaboración que mejoran la calidad de vida en su comunidad. La complejidad de los retos a los que nos enfrentamos y también las oportunidades que éstas presentan, hacen imprescindible contar con recursos que promuevan y faciliten el trabajo comunitario.

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